sábado, 23 de octubre de 2010

PRIMERA EDAD DEL PAVO

Muchos padres se desesperan cuando tiene hijos que rondan los dos, tres o cuatro años.
Claro, alguna vez lo manifestamos, a esta edad y en todos los tiempos, los infantes son caprichosos, rebeldes, posesivos, traviesos, desobedientes y hasta tienen algunas picardías sexuales.
Acudiendo a Daniel Stern podríamos afirmar que está consolidando el sentido del Sí mismo. Esto comienza a la edad de dos a tres meses de edad. Allí según Stern el infante empieza a dar la impresión de ser una persona totalmente distinta. Luego recién a fin del primer año de vida, diferencian un sentido del sí-mismo y del otro. Luego de una fase de "simbiosis normal", que va aproximadamente del segundo al séptimo o noveno mes,
gradualmente el niño va separándose para individuarse y alcanzar un sentido de si-mismo y del otro. Esto se va consolidando, alcanzando su máxima expresión entre los dos y cinco años (incluso hasta los seis en que el niño ingresa a la escuela y se socializa).
La primera perspectiva subjetiva organizadora acerca del sí mismo debe estar en un nivel totalmente básico. Una lista tentativa (siempre según Stern) incluye: 1) La agencia del sí-mismo, en el sentido de condición de agente o autor de las propias acciones y no autor de las acciones de los otros; supone tener volición (voluntad), control de la acción generada por el propio sujeto (mis brazos se mueven cuando yo quiero que lo hagan), y esperar las consecuencias de la propia acción (cuando cierro los ojos todo se pone oscuro).
2)La coherencia del sí-mismo, que es tener un sentido de ser un todo físico no fragmentado, con límites y un lugar de acción integrada, durante el movimiento (conducta) y la quietud.
3) La afectividad del sí-mismo, es decir, experimentar cualidades interiores pautadas del sentimiento (afectos) que tienen que ver con otras experiencias del sí-mismo.
4) Una historia del sí-mismo, esto es, el sentido de perdurar, de una continuidad con el propio pasado, de modo que uno "sigue siendo" y puede incluso cambiar sin dejar de ser el mismo. El infante advierte regularidades en el flujo de los acontecimientos.
Esas cuatro experiencias del sí-mismo, tomadas en conjunto, constituyen el sentido de un sí-mismo nuclear. De modo que este sentido de un sí-mismo nuclear es un sentido experiencial de los hechos.
A diferencia de quienes ven el desarrollo temprano como un proceso gradual de separación e individuación, Stern sostiene que los infantes se diferencian casi desde el nacimiento y describe este proceso con detalles fascinantes, mostrando como los bebés y sus mayores se comunican y comparten experiencias.
Esto que parece muy complicado no es otra cosa, que hacer lo que a uno se le da la gana. Lo que la voluntad, el deseo, el placer y la experiencia nos indican. Eso es “el sí mismo” del que habla el prestigioso investigador.
Así que a no asustarse que estos son procesos evolutivos y que los hemos podido comprobar desde hace años.