domingo, 27 de junio de 2010

☼ Historias de Medianoche II: Veladas con Juez


Con Luis Juez tuve varios cruces radiales. El primero fue en 1991, y a solicitud mía, como representante de la Juventud Peronista y candidato a diputado provincial.
La Segunda, cuando acababa de ganar la intendencia, una senaduría nacional, tres bancas de diputados nacionales y varios escaños en la legislatura cordobesa. De hecho, había logrado algo que nunca nadie en toda la historia de Córdoba había obtenido: Romper el bipartidismo.


Estaba eufórico por su triunfo que superaba el 60% en la capital cordobesa y lo ubicaba segundo en la provincia. Pero su candidata a senadora (que no logró ingresar), y venía del peronismo había sido mencionada como una de las involucradas en las coimas en el Senado entre el 99 y 2001, mientras ocupaba esa banca por el PJ.

Comenté que esa no era la mejor manera de mostrar una “nueva política” como pretendía Juez, que de hecho le había denominado a su flamante partido “Nuevo”. Inmediatamente, nos llamó por teléfono para hacer el descargo y anunciar que esa ex senadora no integraría más sus filas. Aproveché ese llamado para profundizar otros temas y se mostró predispuesto a responder cada vez que fuera necesario.


No se hizo esperar. Una noche, después de varios desaciertos -muchos por herencia, otros provocados por el gobierno provincial y varios achacables a él mismo-, comenté que poseía un desequilibrio emocional. Basába mi comentario en las declaraciones estentóreas y desorbitadas del flamante Lord Mayor. También, en sus cambios permanentes de alineamiento político.


Tampoco allí se demoró la respuesta de Luis Juez. Al otro día, antes de que me despertara, llamó por teléfono a mi casa. Como yo, por razones de trabajo, estaba durmiendo pidió que no se me despertara y preguntó muy correctamente si era una molestia que llamara más tarde. Cuando lo hizo, volvió a ofrecerse a debatir sobre mis conceptos sobre él, que evidentemente no le habían agradado.


Como síntesis, digamos que estuvimos cerca de tres horas en un fuerte intercambio de ideas políticas tan apasionadas como interesantes en un programa nocturno, que puede darse esos lujos por el horario y porque dura cinco horas.


Ahora bien, seguramente el colmo de altercado verbal con el actual senador nacional (quien ya no es desconocido por nadie), fue cuando –después del debate televisivo para gobernador provincial- hecho que no se producía desde 1973, el candidato del Frente Cívico (nuevo nombre de la agrupación de Juez, que sumó radicales y otros partidos) acusó al actual gobernador (su contrincante más peligroso) de haber sido interventor en Santiago del Estero, permitir que volviera Juárez que estuvo antes que él y de ser funcionario de Menem.

Nuestro comentario del día siguiente fue simple. Juárez no era el gobernador anterior a la intervención de Schiaretti, sino Mujica, el propio Juez fue jefe de gabinete de la intervención en Santiago del Estero en el mismo período y miembro del directorio de Papel Prensa, y candidato a Diputado Provincial en el mismo voto de Menem -candidato a Presidente en 1995-. Esta vez no llamó, no esperó hasta el otro día, sino que se vino furioso, mientras realizaba una gira proselitista por el norte de la provincia.


Con los signos del cansancio y el sueño en su cara y su voz, Luis Juez refutó cada uno de nuestros conceptos. Cosa que después todos los medios radiales, televisivos y escritos levantaron y, por supuesto, ratificando nuestra información.
Pero como con el verborrágico político cordobés la síntesis (cosa que tampoco nos caracteriza) es bastante difícil, también el diálogo subió de tono, se extendió a otros temas y duró horas.
También hay que decir que, como consecuencia y pese a superar las tres de la madrugada, cuando Luis Juez salió de la radio había una multitud de vehículos y personas ovacionándolo, lo que ya era un anticipo del resultado electoral que le fue adverso por centésimas y de manera muy discutida.

Repercusiones

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La entrevista fue replicada luego por La Voz del Interior (a través de la columna humorística y de información del espectáculo 'Aquiles Comento') y el diario La Mañana de Córdoba, que tenía su propia pica con el intendente.













jueves, 24 de junio de 2010

¡Ah! ¡Qué lindo es recordar!

Muchas personas que superan los 60 años, comienzan a tener problemas con la memoria. Según Phillips Lerch, la memoria es la capacidad para conservar contenidos de vivencias, más allá del momento en que fueron vivenciadas, con la posibilidad de actualizarlos posteriormente. Pero hay distintos tipos de memoria. Está la Memoria Inmediata, que es una forma muy fiel, pero muy fugaz. Por ejemplo, cuando consultamos en la guía un número de teléfono y al ratito nomás, después de discar y comunicarnos, nos olvidamos del mismo. Aunque no desaparece totalmente, porque siempre deja un vestigio mínimo. Esta puede ser frágil a cualquier edad.
Otra forma de memoria es la Memoria Experiencial. Es la que permanece oculta en el inconsciente, pero desde allí está influyendo permanentemente en nuestra conducta diaria. Nosotros aprendimos a caminar hace muchos años. Pero, sin embargo, cuando caminamos, no tenemos que estar recordando, paso a paso, cada lección para hacerlo. Lo mismo pasa con cualquier otro aprendizaje. Digitar el teclado de la computadora, manejar un auto, andar en bicicleta, etcétera. Esta memoria es más difícil de perder y la mantenemos durante casi toda la vida. Cuando una publicidad ha sido lo suficientemente buena y reiterativa como para ingresar a nuestra Memoria Experiencial, vamos a un negocio y decimos deme… una marca. Cuando en realidad lo que buscábamos era un producto que puede ser de cualquier marca.
También existe una Memoria Reproductiva, que es cuando recordamos imágenes. Esta puede ser más o menos eficiente. A quién no le pasa que ve a una persona en la calle, la saluda y después no recuerda quién era. Esta es más fácil que vaya desapareciendo con el transcurso de los años.
La memoria tiene dos etapas: una de fijación, que es la primera y depende de las cualidades de cada uno. Por ejemplo un pintor va a fijar mejor imágenes. Un músico, sonidos. Un historiador, fechas y acontecimientos. Un matemático, números. También depende lo que se vaya a recordar. Por ejemplo, los versos se recuerdan mejor que las prosas. El verso actúa como ayuda para la memoria. Otra fase de la memoria es la de evocación. Es el momento en que hacemos aparecer las cosas que teníamos guardadas. Esto puede ser espontáneo o provocado. Hay cosas que facilitan la evocación. Cuando más cerca está lo que queremos recordar. Cuando nos ubicamos en el lugar donde se produjo el hecho. Si el hecho a recordar es grato. Es más fácil recordar la infancia, para un anciano, que para un adolescente. Porque el adolescente está más pendiente del futuro, que del pasado. De allí que algunos ancianos tengan actitudes infantiles. Es porque desean volver a etapas agradables de su vida. Y es por eso que a los jóvenes les cuesta tanto recordar momentos de la niñez.
Es imprescindible ejercitar la memoria, como si fuera un músculo, de lo contrario se va atrofiando. Incluso existen talleres de Memoria, para adultos mayores que cumplen acabadamente esta función. Es importante no dejar de leer o estudiar.

domingo, 13 de junio de 2010

☼ Historias de Medianoche I: Una noche con el Gobernador

Haga click en las fotos para ampliar Primera foto, página de Política de La Voz del Interior; segunda foto, contratapa de La Mañana de Córdoba
Transcurría el mes de enero del año 1998, el festival de Doma y Folklore de Jesús María estaba transitando una jornada histórica, la cantante Soledad Pastorutti de 17 años marcaba un record de público en esa fiesta que ya pasaba las dos décadas.
Gobernaba la provincia de Córdoba, después de haber asumido medio año antes por la debacle del tercer período de gobierno de Eduardo Angeloz, Ramón Bautista Mestre.
El gobernador no las tenía todas consigo. Debió rebajar sueldo y jubilaciones, emitir los famosos CECOR (cuasimoneda) y reducir gastos de todo tipo –medidas que provocaron malestar en la población-, y ejercer un férreo ajuste impositivo que le granjeó la antipatía de vastos sectores de la comunidad. El cierre de escuelas y hospitales más la modificación del sistema educativo, provocó también múltiples conflictos gremiales.

Convencido y tozudo como había sido exitosamente en su gestión de ocho años en la municipalidad capitalina, el primer mandatario provincial nunca daba un paso atrás.

Para evitar preguntas incómodas y con la adustez que lo caracterizaba, Mestre no atendía a la prensa.
Para colmo de males, tenía pensado (aunque todavía no lo había hecho público), llamar a elecciones anticipadas, lo que haría que quien ganara pudiera asumir recién al año siguiente.

Una noche, el gobernador regresaba con su ministro de Economía (la cartera más conflictiva y sensible) de una cena en Río Ceballos, cuando escuchó en la radio de su automóvil una noticia que no le agradó. Nosotros la estábamos leyendo de la edición anticipada de La Voz del Interior, como hacemos cotidianamente.
Ni lerdo ni perezoso el padre del actual Senador Nacional y su ministro se llegaron a la radio a las 2:20 de la mañana.

Cuando el guardia nos anuncia de su presencia, nosotros le contestamos: “Sí, claro, y yo soy Napoleón Bonaparte”. No podíamos creer que la máxima autoridad de la provincia estuviera allí, a esa hora, y dispuesto a hablar con un medio de comunicación.
Pese a la duda, bajamos los dos pisos que nos separan de la planta baja por el ascensor, mientras ensayábamos el gesto con el que lo íbamos a recibir.

La presentación fue breve (nunca habíamos hablado con él ni por teléfono). "Buenas Noches, vengo porque no estoy de acuerdo con una noticia que acaba de leer". "Está bien señor Gobernador, suba y la aclara al aire".
Gentilmente, subieron el Jefe de Estado Provincial, su silente ministro de finanzas y yo.
Para sintetizar la situación, el mandatario se quedó 50 minutos dialogando con nosotros, distendido y risueño.

Contestó a todas las preguntas que le formulamos, incluso las más incómodas y hasta trató de inútil a su ex director de recaudación, que se estaba enterando por radio del concepto que su jefe había tenido de él.

Recuerdo el revuelo que se armó al día siguiente. Los diarios de la provincia, los canales de televisión y las radios reprodujeron textualmente muchas de las "primicias" que habíamos logrado arrancarle en ese "lapsus" informativo y de relajamiento de sobremesa.

Todavía nos queda la duda de si Mestre nos eligió porque sabía la repercusión que esa insólita y profunda entrevista (tal cual es nuestro estilo) iba a tener y de este modo decir al pueblo de Córdoba lo que quería que supiera, o si realmente la noticia le había fastidiado tanto, que no pudo controlar su conocido indómito carácter. Sobre todo, teniendo en cuenta que finalmente terminó reconociendo que nuestra información era certera, pero que el protagonista le había dicho a él otra cosa.

En estos 18 años de trasnoche fue quizá el hecho más resonante que nos tocó vivir. Aunque no el único. Ya contaremos otros.

lunes, 7 de junio de 2010

Aguanten periodistas

“Tiempos de rara felicidad son aquellos en los que se puede sentir lo que se desea y decirlo”. Con esta frase de Tácito en latín Mariano Moreno encabezaba la portada de la Gaceta de Buenos Aires, hace exactamente 200 años.

Pasaron muchas cosas en estas dos centurias para esta noble y sacrificada profesión. Más sacrificada de lo que muchos piensan. Baste recordar a Rodolfo Walsh, José Luis Cabezas, Julio Anguita Parrado (periodista español asesinado en Irak), más de cinco asesinados en México en lo que va del año. Leonardo Henrichsen el camarógrafo argentino que filmó su propia muerte durante el golpe de Pinochet en Chile. Luis Mónaco, camarógrafo de Canal 10 desaparecido en 1978 y tantos otros.


La profesión de periodista es considerada una de las más riesgosas e insalubres por la OMS, y eso no es casual. No solo muertes por crímenes de guerra o políticos son sus consecuencias. El stress por conseguir la noticia, trabajar en horas insalubres, sufrir presiones de todo tipo, la falta de reconocimiento de patrones, políticos y hasta del mismo público, hace que los periodistas padezcan las más extrañas enfermedades psicosomáticas o producto de las condiciones inevitables de trabajo.


No son pocos los medios de comunicación que han despedido periodistas, por no coincidir con sus opiniones y contrariamente no son pocas las amenazas que sufren por parte de gobiernos y hasta de fanáticos de a pié. Tampoco son pocos los medios que han quebrado (genuinamente o no) y han dejado de pagarles por meses a sus trabajadores de prensa. Pero como afirma el personaje de Francella en la película El Secreto De Sus Ojos”: "Todos tenemos una pasión". Y no es otra cosa el periodismo. Como decía un viejo colega en tiempos de las rotativas: “El periodista lleva tinta en lugar de sangre en las venas”. Y eso no solo satisface una vocación (como tantas otras), no solo es una fuente de trabajo que mantiene familias, es un derecho que tiene la ciudadanía de escuchar otras campanas, diferentes campanas a las que tañen los gobiernos de turno. Estos manejan millonarios presupuestos para difundir por los medios más variados sus propagandas. Desde publicidades abiertas, subliminales, hasta pseudo-informaciones. Es cierto que también existen poderosas empresas de comunicación que publican lo que sirve a sus intereses. Pero existe el periodismo independiente. ¡Claro que sí! Si no estuviéramos seguros de eso, hace rato que hubiéramos abandonado esta pasión. Hasta el genial Alberto Cognigni se dio el gusto de usar como frase en Hortensia, durante 19 años, “AQUÍ ESTOY PARA DECIR LO QUE SE ME ANTOJA, O NO?”. Mientras criticaba con humor (antes que “HUMOR”) a las dictaduras más sangrientas. Claro seguramente ellos ni se daban cuenta.


Por eso en este día en que se cumplen 200 años de periodismo patrio, cuando la profesión está más vapuleada, desprestigiada y también amenazada, les decimos a todos los colegas independientes (con independencia intelectual) del país. AGUANTEN PERIODISTAS.

¿Por qué se vuelve a engordar?

Sin ánimo de plagiar a una querida colega del diario El Cronista, queremos responder a tantos pacientes que se preguntan lo mismo. “Doctor, yo hice la dieta que Ud. me prescribió y bajé 20 kgs.” ¿Por qué los recuperé? Y la respuesta del galeno suele ser: “Lo que pasa es que Usted volvió a comer mucho, dejó de hacer ejercicio físico, abandonó el tratamiento y dejó de visitarme?".

Claro, lo que ocurre es que mientras se mantiene la relación médico-paciente existe un contrato, un compromiso, que el segundo se ve obligado a cumplir por el control que el primero ejerce y por la obligación moral que significa acatar las disposiciones del profesional. ¿Pero qué pasa cuando el paciente adelgazó, el médico lo deja de ver frecuentemente y el paciente queda a solas con su voluntad o conciencia? Hoy tengo un asado con los amigos, mañana un cumpleaños, pasado me regalan una docena de facturas, algún panadero amigo me manda una bolsa de chipacas calientes, después vienen las fiestas, otro cumpleaños, una cena de trabajo, otro cumpleaños (estos son tan frecuentes como familiares y amigos tengamos) y se terminó la dieta.

La respuesta de los nutricionistas suele ser: “Usted puede comer de todo mientras sea un poquito de cada cosa”. Eso y no conocer la psicología del gordo es lo mismo. Por eso es tan importante, al igual que cuando escribimos FUMAR ES UN PLACER, la presencia de un psicólogo (mal que le pese al filósofo Bunge) en el equipo de atención de la obesidad. El obeso no come por hambre, come por gula. Es un adicto igual que el fumador o el alcohólico. No se le puede decir a estos últimos: “Fume un poquito o tome un traguito”. La recuperación del adicto implica no volver a probar ni un poquito, aquello que le produce adicción. Porque así como el fumador no puede fumar un cigarrillo sin tentarse y fumar mucho, el alcohólico no puede tomar un vasito, sin tentarse y tomar mucho, el goloso no puede comer un poquito de torta, sin tentarse y engullírsela toda.

Lo correcto es que los alimentos que producen obesidad, colesterol, diabetes, etcétera, sean eliminados definitivamente de la dieta del adicto. Salvo honrosísimas excepciones que no van a permitir que el goloso siga comiendo. El tratamiento psicológico es imprescindible para detectar cuál es la causa de la adicción a la comida. Puede ser stress, depresión, angustia, insatisfacción, frustraciones, etcétera. Y como todo síntoma, si no se trata la causa, éste no desaparece. El adicto no puede quedar librado a su voluntad, porque no la tiene. Si no no sería adicto. En nuestra charla con el doctor Jaime Scolnik nos hablaba de la necesidad del ser humano de comer vegetales. Indudablemente que seguir las instrucciones de los vegetarianos puede ayudar mucho. Pero sin llegar a esos límites es imprescindible buscar ayuda profesional (que incluya la psicología) para comer correctamente y practicar actividad física.

Con la voluntad sola no alcanza.