lunes, 31 de mayo de 2010

Nada nuevo bajo el Bicentenario

Muchos se asombran, porque nos encontramos divididos en el festejo del bicentenario. Macri inaugura la remodelación del Colón y la presidenta no quiere asistir. La oposición prepara una embestida contra el oficialismo en el Congreso para limitar sus poderes y éste utiliza todas las estrategias posibles para burlar las mayorías opositoras y ganarle la iniciativa.


Pero, claro, en el Centenario, festejado en 1910, la situación no era muy distinta. Gobernaba el cordobés José Figueroa Alcorta, que no tenía apoyo del Congreso, y lo clausuró en 1908. Pese a haber sido el único argentino de la historia que ocupó la presidencia de los tres poderes del Estado (Ejecutivo, legislativo y judicial). De hecho, venía de ser presidente del Senado en su calidad de vicepresidente. En realidad Figueroa Alcorta no había sido elegido presidente, sino vice de Manuel Quintana, quien falleció en 1906. En ese carácter fue tomado prisionero por los radicales que intentaron un golpe de Estado en 1905. Los cabecillas fueron detenidos. El ex gobernador de Córdoba indultó como presidente a los discípulos de Alem y preparó el camino para la reforma electoral de Roque Sáenz Peña que le permitió a Yrigoyen el acceso a la primera magistratura con el voto secreto, universal y obligatorio.


Pero no le alcanzó. Los anarquistas eran muy activos en esa época y realizaron numerosos atentados con bombas y asesinaron al jefe de Policía Ramón Falcón. El ejecutor fue Simón Radowitzky en 1909, como represalia por la sangrienta represión durante la “semana roja”. Por su parte, el Partido Socialista, encabezado por Juan B. Justo participaba de las luchas obreras reprimidas brutalmente por un régimen oligárquico. En 1904 logró su primer triunfo electoral ubicando a Alfredo Palacios como primer legislador socialista de América. Leyes como el descanso dominical y la protección del trabajo de mujeres y niños se deben a iniciativas socialistas que serían la base del Nuevo Derecho Laboral que surgía en la Argentina.


Poco después del centenario y a la luz de la ley Sáenz Peña se llenaron de socialistas las legislaturas nacional, provinciales y municipales. Los sindicalistas tampoco estaban muy tranquilos en el centenario. La CORA nuclea al Sindicalismo revolucionario, que a diferencia de Socialistas y Anarquistas, pretende apartar al gremialismo de las organizaciones políticas. Venían de la FOA que se divide en la UGT (socialista) y la FORA (anarquista). No logran la unidad. En su partido no las tenía todas consigo. Si bien fue apoyada su candidatura a vicepresidente por Julio A. Roca, quien recientemente dejaba su segunda presidencia y pretendía seguir manejando los hilos del país. Figueroa Alcorta no tardó en rebelarse y Roca tuvo que viajar a Europa para evitar contratiempos políticos.


Cualquier parecido con el presente no es coincidencia. Si bien Argentina vivía un momento de gran prosperidad, las bondades no eran compartidas por todos los ciudadanos, que todavía en su gran mayoría, no tenían ni derecho al voto.

martes, 25 de mayo de 2010

Insalubre día

El sábado 15 de mayo, a la noche, nos tocó presenciar una situación similar a la ocurrida con el turista entrerriano en Villa Carlos Paz. Un hombre, de unos 50 años, se encontraba en una fiesta en un restaurante alquilado para tal fin en el centro de la ciudad, cuando de pronto sufrió lo que parecía un ataque al corazón. Rápidamente fue recostado en el suelo y otros asistentes comenzaron a proporcionarle masajes cardíacos.

Pero pasaron los minutos y el señor no reaccionaba. Evidentemente, necesitaba algo más que esta precaria aunque eficiente asistencia. Otros participantes en la reunión entraban y salían, con seguridad esperando la llegada de un servicio de emergencias. Nos encontrábamos a 200 metros del Hospital de Urgencias de Córdoba. Los improvisados socorristas insistían con su técnica, cada vez con más esfuerzo, puesto que el cansancio ya se hacía sentir.

De pronto, llegó un grupo importante de policías. Se trataba de una enfermedad grave y no de un delito. De todas maneras seguramente cumpliendo con su deber, uno de ellos tomó una planilla y comenzó a hacer investigaciones. A todo esto, el paciente seguía vivo y sus allegados continuaban con desesperados intentos por recuperarlo.

Unos 20 minutos después llegaron Bomberos, que también se comportaron muy eficientemente. Incluso uno de ellos trató de colaborar con el salvataje, pero se trataba de una patología sanitaria, no de un incendio. Casi a la media hora llegó un servicio de emergencias, provisto de un bolso, y continuaron con las maniobras elementales de emergencia. Claro, habían transcurrido más de 30 minutos y seguramente la víctima del ataque necesitaría de un sistema más sofisticado de asistencia -que en estos tiempos existen- y falleció, en presencia de su desesperada familia. Por supuesto, el orden evidentemente fue inverso. Imaginemos que en una casa se encuentran ladrones, los propietarios llaman a la policía y llega un servicio de emergencia, bomberos y al final la policía. Evidentemente las posibilidades de éxito serían muy escasas. O por el contrario, si se produce un incendio y llegan primero los médicos, luego los policías y muy tarde los bomberos. Lo más probable es que el siniestro termine con la vivienda.

Nos preguntamos si la ambulancia hubiera llegado a los cinco o diez minutos (tan rápido como la policía) este señor podría haberse salvado. Seguramente el Ministro dirá que la persona tenía obra social. Esta dirá que está saturada, y que no encontraba nosocomio en la ciudad, el personal de los mismos dirá que los centros de salud están abandonados y las autoridades sancionarán a los profesionales por hablar.Lo cierto es que no existe el tan antiguamente proclamado “Sistema Integrado de Salud”, en el cual no importe si la víctima tiene o no obra social y que presurosamente llegue una ambulancia con profesionales y toda la tecnología como para mantener con vida a un paciente grave que tuvo la desgracia de padecer un problema de salud.

sábado, 22 de mayo de 2010

martes, 18 de mayo de 2010

Encabeza la tabla el oficialismo


Desde que comenzó a sesionar el nuevo Congreso, supuestamente con mayoría opositora, el oficialismo paradójicamente (con menos jugadores) viene ganando la mayoría de los partidos.
A través de esta metáfora futbolística, describimos una triste realidad que desilusiona a la popular y a los ‘plateistas’ que esperaban -después del 28 J- ganar todos los enfrentamientos por goleada.
A la primera jornada la ganó la oposición, tanto en un torneo (Diputados) como en otro (Senadores). Ubicó a las autoridades de las Cámaras de acuerdo a su criterio, obtuvo mayoría en todas las comisiones y colocó presidentes no kirchneristas en casi todas ellas. Solo les dejó titulares donde se le antojó.
Pero claro, no contaban los visitantes (ni el público que los apoya), que los locales tienen un experimentado e inescrupuloso director técnico de orientación bilardista. Esto es: los partidos se ganan como sea. No importa jugar bien. Con alfileres o bidones, el resultado es lo que vale.
Mientras que en el equipo de enfrente no solo tienen varios y no muy lúcidos técnicos, sino que (al igual que Talleres) tienen jugadores que no sienten la camiseta. Les da lo mismo ganar que perder. A veces parecen incentivados por el equipo contrario o simplemente son novatos que juegan bonito, mientras el rival pone pierna fuerte. Tampoco son jugadores de años en el club. Hoy juegan acá, mañana allá y ni el nombre tiene uno tiempo de aprenderse.
Con esta estrategia y ayuda de la FIFA (Unasur) el equipo del Frente para la Victoria, pese a teóricamente no contar con mayoría de jugadores en la cancha -por expulsión de la hinchada- va ganando casi todos los partidos.
El Senado aprobó el pliego de Marcó del Pont, aprobó el uso de reservas para el pago de la deuda, modificó la estratégica comisión bicameral y repuso a una jugadora expulsada del equipo oficialista. Solo obtuvieron un sufrido empate en un tibio repudio a la agresión a periodistas.
Mientras en la Cámara de Diputados, donde los visitantes tienen todavía más hombres en el terreno de juego, perdieron por decisión de un árbitro el debate para anular los DNU, tuvieron que suspender el cotejo en dos oportunidades por falta de jugadores, lograron una tímida victoria en la aprobación de la reforma a la ley del cheque, pero que todavía depende del partido revancha en comisiones y en la justicia. También lograron un empate en la aprobación del matrimonio entre personas del mismo sexo, partiendo al medio a todos los subgrupos que integran los equipos. Y logrando una victoria pírrica teniendo en cuenta que solo un mínimo porcentaje de la hinchada festejó el resultado.
De continuar el trámite de los encuentros así, el equipo local seguirá jugando en primera y los visitantes deberán conformarse (como el sufrido y glorioso talleres) con permanecer otro campeonato en el Argentino A. Es que lo partidos se juegan en la cancha, duran 90 minutos y lo más grave los torneos se extienden por cuatro años.

martes, 11 de mayo de 2010

El falso cuarto poder


Quien cree que el periodismo forma opinión, subestima la capacidad de razonamiento del Pueblo. Si el pueblo es tan fácilmente influenciable, ¿cómo va a votar correctamente?
Porque cualquiera sea el que posea el control de los medios (el Estado o los oligopolios privados) van a dirigir el voto ciudadano.
Es una minimización de la posibilidad del mismo de escuchar, ver o leer cualquier cosa y luego elaborar sus propias conclusiones. Salvo que quien gobierna esté tan convencido de su pésima política educativa, que tema de esa capacidad racional. En ese caso también es peligroso, porque el elector votaría por lo que le indique el poder de turno.
Perón afirmó: “Cuando teníamos todos los medios nos echaron y cuando tuvimos todos los medios en contra, volvimos”.
Y era cierto. Perón no solo tenía los medios masivos de comunicación, tenía algo mucho más poderoso que era el control absoluto de la educación y del cine. Los libros con los que aprendimos a leer en aquellos años se llamaban: Alelí, La Razón de mi vida o Evita. Estos libros eran un verdadero lavado de cerebro de los niños que recién empezaban a asomarse al conocimiento.
El cine argentino estaba totalmente controlado por Raúl Alejandro Apold un temible censor que llegó a prohibir Las Aguas Bajan Turbias, del intérprete de la marcha peronista y un descamisado de ley como Hugo del Carril.
Solo se podían filmar novelas rosas, aquellas de largas escaleras y teléfonos blancos. Figuras como Arturo García Buhr, Niní Marshall, Atahualpa Yupanqui, Libertad Lamarque, María Rosa Gallo y otros debieron exiliarse.
Sin embargo Perón fue derrocado y la mitad del pueblo argentino festejó en Plaza de Mayo. Por supuesto, sin que esto implique una reivindicación de tan sangriento golpe de Estado, pero lo cierto es que tuvo gran respaldo popular.
Contrariamente, cuando Alejandro Agustín Lanusse, contaba con todos los medios de difusión, producto del poder de una dictadura militar, perdió las elecciones con Perón.
Raúl Alfonsín mantuvo los canales y muchas radios en manos del Estado y muchos artistas fueron censurados en la pantalla chica, como Tato Bores, Mirtha Legrand, Bernardo Neustadt, Hugo Moser, Roberto Galán, y otros.
Sin embargo Alfonsín no solo perdió las elecciones de medio término, sino las presidenciales y tuvo que irse varios meses antes.
Menem por el contrario privatizó todas las radios y los canales. Tenía a toda la prensa en contra. En su década comenzaron Lanata, Aliverti, CQC, Majul, Sietecasse, Lejtman, Grondona era opositor y llevaba a Verbitzky, Chacho Álvarez, Fernández Meijide, Kirchner, etc. Tato le pegaba sin piedad y sin embargo el riojano terminó su mandato el último día.
Por otra parte siempre existe ideología detrás de lo que se difunde. En Europa los diarios responden a partidos políticos y no lo ocultan. Y a nadie se le ocurriría prohibirlos o limitarlos. O dependen de empresas o dependen del Estado o dependen de entidades intermedias que también tienen su ideología. Hay que confiar en el público.

domingo, 9 de mayo de 2010

Cristina, Cobos y vos

En cualquier país del mundo donde existe el ballotage, quien se impone en la segunda vuelta debe hacerlo con la mitad más uno de los votos emitidos. Esto es, quien gobierne debe tener la seguridad de que la mayoría lo prefirió a la otra alternativa.

Aquí, y gracias al Pacto de Olivos firmado por Alfonsín y Menem en 1994, un presidente puede serlo solo con el 40% de los votos (siempre que quien obtenga el segundo lugar consiga 10% menos de sufragios) u obteniendo el 45% de los votos positivamente emitidos.

Por supuesto, esto excluye a los que se abstienen, votan en blanco o anulan su voto. Si uno tiene en cuenta todo el padrón electoral, en la Argentina un presidente puede gobernar con algo más del 20% del mismo, lo que ocurre en este momento.

Pero aparte de toda esta alquimia, de acuerdo con nuestra Constitución el que triunfa es un binomio: Presidente y vice, cosa que tampoco ocurre en otros estados. Y si estos pertenecen a distintos partidos y forman un frente electoral -como ocurrió en 1999 y en 2007-, se incrementa la importancia del vicepresidente.

Es muy difícil calcular cuántas personas votaron por el partido del presidente y cuantos por el del vice: la que triunfó fue la fórmula presidencial. Lo que implica que ambos tienen la misma cantidad de votos y legitimidad.

Por eso al renunciar “Chacho” Álvarez, Fernando de la Rúa quedó con una enorme fragilidad, que finalmente le costó la caída. El peronismo, que había obtenido el triunfo en las elecciones legislativas de 2001, le impuso el presidente del Senado (Ramón Puerta), que era de hecho el vicepresidente.

Esto se agravó al no pertenecer ambos a un frente electoral ofrecido a la ciudadanía.

En 2007, Néstor Kirchner pergeñó la Concertación Plural, que agrupaba a varias fuerzas políticas, pero fundamentalmente partió en dos al segundo partido del país: la UCR. Muchos votos radicales que seguían a Cobos y demás correligionarios “K”, contribuyeron a colocar a Cristina Fernández en la primera magistratura del país. De lo contrario, el binomio hubiera sido solo justicialista como en el 73, 89, 95 y 2003.

Pero a poco de andar la consigna se transformó en Cristina, Néstor y nadie más y Cobos quedó relegado, como lo había sido Scioli a un oscuro papel, que no estuvo dispuesto a cumplir.

Ahora los kirchneristas quieren que Cobos se vaya. ¿Por qué tendría que hacerlo? ¿Quién puede determinar cuántos votos aportó? ¿Por qué Cobos solo y no la fórmula? Teniendo en cuenta que fueron elegidos juntos. ¿Quién no cumple su compromiso electoral? Son preguntas que en estos peligrosos días, debemos formularnos.

Menem y Duhalde casi ni se hablaban, Ruckauf afirmaba que no era invitado a las reuniones de gabinete y Scioli sufrió el vapuleo de la primera dama y senadora, pero se sometió. ¿Qué es peor?

Y al final el Senado sesionó



Gracias a una senadora formoseña oficialista, que casualmente (o no) es la esposa del vicegobernador y ex vicegobernador Floro Bogado, la oposición tuvo quórum y el oficialismo se vio obligado a dejar el resguardo de los cortinados de la Cámara Alta, donde se había concentrado.
Decimos “casualmente o no”, porque Gildo Insfrán ya hace demasiados períodos que es reelecto como gobernador y no sería extraño que su vice y ex titular del Poder Ejecutivo provincial quiera reemplazarlo.
Algo realmente preocupante es que la senadora del Frente para la Victoria aclaró que ella se sentaba, pese a tener miedo, para permitir que el Senado “tenga vida”. Cabe preguntarse: ¿Miedo a que? Por la manera en que la increpó el presidente de bloque, el ex menemista y hoy ultrakirchnerista Miguel Pichetto, cualquiera tiene derecho a pensar que el oficialismo se maneja de manera coercitiva. Lo cierto es que entre las idas y vueltas que permite el libro de pases -que a diferencia del fútbol no se cierra nunca-, el Senado comenzó a sesionar.
Primero se trató el pliego de Mercedes Marcó del Pont, que ya se sabía de antemano iba a ser aprobado. Se sabía porque dos senadoras opositoras adelantaron que la respaldarían, algo que también hizo Carlos Menem.
Finalmente, cuando hizo veloz la cuenta, Menem advirtió que no necesitaba arriesgarse y, fiel a su trayectoria, dijo “NI”. Es decir, se abstuvo. Pero eso fue suficiente para que la joven economista fuera ratificada al frente de la máxima entidad monetaria del país. Es decir, una vez más, como cuando facilitó la falta de quórum, ya a Menem se lo puede considerar un miembro más del bloque kirchnerista.
Mientras tanto, en el debate se esgrimieron algunos argumentos fácilmente rebatibles. Que la trayectoria y el currículum le aseguran a la aspirante su nuevo cargo. Bien lo explicaron varios senadores. Si uno tiene un legajo impecable, pero antes de asumir un cargo mata a una persona, ya el currículum pasa a ser prontuario.
Otras de las manifestaciones fue la del titular del bloque de la primera minoría, el senador por Río Negro Pichetto. Este aseguró en su alocución (que es la última, por lo tanto no tiene quien le responda) que el Vicepresidente de la Nación había votado por la destitución del anterior Presidente del Banco Central, por desobedecer una orden de la Presidenta de la Nación. Eso no era cierto y Cobos tuvo que interrumpirlo y refutarle, lo que a su vez hizo que el oficialista le enrostrara que él no puede interrumpirlo. El hecho es que le estaba atribuyendo al presidente del Senado una acción falsa. Por el contrario, Cobos había pedido la remoción de Redrado, con el argumento de que había acatado ciegamente todas las órdenes del Ejecutivo, pese a que fueron dañinos para la economía argentina.
También Filmus pidió una interrupción previa al discurso final de su jefe y, sabiendo que no iba a tener réplicas, acusó a quienes votaran en contra de apoyar las políticas neoliberales, lo que era incorrecto. Pero sesionó al fin.

¿Y dónde están las salas?

Casi como respuesta a nuestro blog titulado “Día Mundial Del Teatro”, donde recordábamos con nostalgia la intensa actividad teatral que había en Córdoba en otros tiempos, un funcionario del área dependiente de la Provincia, afirmó que en Córdoba hay 60 salas de teatro y con mucha labor.
Sería bueno entonces que dieran a conocer donde están, qué obras se representan, quiénes son sus protagonistas... Porque si uno toma cualquier diario de Córdoba, encuentra a lo sumo dos o tres representaciones teatrales.
Salvo que se cuenten las salas oficiales, que están vacías y esperando que haya actores y público que las pueblen: la Rafael Grisolía, Luis de Tejeda y el Foyer, en el San Martín, la Azucena Carmona, en el teatro Real, y también en los Centros de Participación Comunal (CPC) hay hermosos recintos que están prácticamente inactivos.
Recordamos con tristeza cuando Lisandro Selva llenaba de actores y espectadores el Centro Cultural Alta Córdoba; Miguel Iriarte, el General Paz y Roby Rojo, el ex Mercado de San Vicente.
A eso podemos añadir la Sala Mayor del Libertador, que está cerrada por remodelaciones; la Carlos Gimenez del Real, que recién está despertando de su modorra estival; la Ciudad de las Artes (que fue inaugurada con pompa y ahora tiene una actividad espasmódica) y dos o tres espacios independientes, que en algunos casos es pretencioso llamarle “Salas de Teatro”.
Porque el esfuerzo que hacen los grupos vocacionales por alquilar lugares inhóspitos, que no tienen comodidad ni para el público ni para los actores, que hasta se llueven los escenarios, sin apoyo oficial, no es suficiente. No pueden, aún con la amplitud de llamarle underground, considerarlos teatros. En otro blog extrañábamos los teatros: Comedia (que la Municipalidad prometió reconstruir y de cuyo sospechoso incendio y morosidad en apagar el fuego fuimos testigos presenciales), Maipú, Sara Vega, Córdoba, De la Ciudad, Exal, etc.
Incluso, recuerdo cuando Domingo Lo Giúdice montó “El Pelícano”, de Strindberg, en el Museo Genaro Pérez; Carlos Giménez en el patio del mismo; Juan Aznar Campos hizo lo propio con “Harold y Maude” en el patio del Monserrat (que luego continuó todo un verano en el de la Ex Escuela Olmos); “Stéfano”, en el Teatro del Colegio Deán Funes; José Luis Michelotti, en el ACV (porque en el Exal había otro elenco); los alumnos de la Escuela de Artes de la UNC actuaban en dos Salas de la Ciudad Universitaria (una la imponente Sala de las Américas), en noches de calor en el Teatrino. Y podemos pensar también en la actividad del Instituto Gohete, la Cultura Británica o la Alianza Francesa.
Sin contar que Elodía, Bestiario, el Pupo u otros cafés concert servían de recinto para que se presentaran los más creativos actores porteños o se lucieran Raúl Ceballos, Fernando Lozano, Quique Dubois, etc.
Por más que se esmeren en desmentirlo los perezosos funcionarios de Cultura actuales, en materia de Teatro, ¡todo tiempo pasado fue mejor!