miércoles, 24 de marzo de 2010

Doble discurso

Este humilde ciudadano que no la votó, pero que se deslumbraba con las ponencias de la senadora Cristina Fernández de Kirchner durante casi 15 años en la Cámara Alta y se complace con los discursos de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner en las reuniones internacionales, queda desconcertado cuando escucha las arengas de la “compañera” Cristina Fernández de Kirchner diariamente en nuestro país.

Parecen dos personas distintas. ¿Es posible que un político tenga un discurso en un rol y otro en uno diferente? ¿Es aceptable que un presidente tenga un libreto para la popular y otro para un público más exigente? ¿Cuál es el verdadero?

La moderada y lúcida senadora o presidenta que habla en foros internacionales, que se besa con Sarkozy; que posa sonriente con Obama; que convence a Uribe para que salga en la foto con Chávez, que recibe cariñosamente a Hilary Clinton, a quien acompañó en el Congreso Demócrata, no tiene nada que ver con la explosiva Jefa de Estado que agita las masas en contra del Imperialismo, las multinacionales, los monopolios, la prensa cipaya y los opositores golpistas y "gorilas".

¿Cuál es la verdadera? ¿La que le rinde homenaje a Don Raúl Alfonsín, padre de la democracia moderna en la Argentina, o la que denosta los gobiernos de otro signo que huyeron cobardemente y dejaron el país en llamas?

¿A cuál le creo? ¿A la que inaugura su mandato hablando ante la Asamblea Legislativa propiciando el diálogo, la institucionalidad y el respeto al disenso o la que no consulta al Congreso porque el pueblo le puso el límite de un parlamento multicolor, cansado de los abusos monocromáticos y agrede al “Partido judicial” que se alquila, a la iglesia y a los “piquetes de la abundancia” (refiriéndose a sus compañeros de poder adquisitivo)?

Por otro lado, ¿Cuál es la política económica? ¿La que mantiene las empresas estratégicas como petróleo, comunicaciones, ferrocarriles y electricidad en manos privadas y algunas internacionales o la estatización de las mismas criticando la entrega de los '90?

¿Cuál es la verdad? ¿El desendeudamiento basado en la quita de un 70% a los acreedores particulares? ¿O el recálculo de la deuda, para abonarle lo que les corresponde para conseguir financiamiento externo? ¿El superávit fiscal y la acumulación de reservas a costa de asfixiar a provincias y ciudadanos con impuestos distorsivos como el del cheque, el IVA, el mínimo no imponible para ganancias o la redistribución del ingreso y la inversión social de los dineros del Estado?

¿Qué propuesta me seduce? ¿La "Concertación Plural", donde de una vez por todas se termine el pejotismo, el bipartidismo y conformemos una nueva fuerza con lo mejor del espectro político o la nueva ley electoral, que solo beneficia a radicalismo y PJ, del cual vuelve a ser presidente Néstor Kirchner?

Es un dilema difícil de resolver para un simple ciudadano, que solo se basa en lo que ve y escucha de sus representantes.

Hay más contradicciones, pero por hoy ya son demasiadas para mi pobre entendimiento.

¿Bicentenario o no bicentenario? Esa es la pregunta

Como es habitual en nuestro país, se ha generado toda una polémica sobre el tema del Bicentenario. Que no corresponde festejarlo ahora, que en realidad fue en 1816, que festejarlo ahora es apátrida e imperialista y, sobre todo, que la mayoría de la población no tiene ni idea de qué estamos hablando.

Muchos afirman que en realidad en nuestra impaciencia por festejar nos estamos adelantando seis años. No faltan quienes politizan el tema y prefieren que el Gobierno nacional sea otro durante la conmemoración. Pero en 1910 se celebró el Centenario y no tenemos información de que haya sido tan cuestionado por los contemporáneos.

Incluso cuando se le pregunta no solo a jóvenes o ciudadanos comunes en general, sino a algunas autoridades, qué se recuerda el 25 de mayo, se escuchan las frases más insólitas.

Creo que en esto, como en todo, los argentinos tenemos "dos bibliotecas" e internas. Convengamos que las condiciones de convivencia política no son las mejores para el segundo “cumple siglo”, y ni siquiera éste puede lograr la reconciliación de las distintas fuerzas políticas.

No conozco de otros países que tengan dos cumpleaños. Pero es necesario saber si en 1810 ocurrió para nuestra patria un hecho trascendente o no. Si fue decisivo para nuestra independencia o no.

Lo cierto es que los críticos aseguran que los próceres de mayo juraron por el rey de España, depuesto y encarcelado por Napoleón, que colocó a su hermano José Bonaparte (francés como él) como monarca de España y que lejos estaban de querer fundar una "Patria".

También hay quienes argumentan que solo fue una expresión porteña y no de todas las provincias, porque en realidad el pueblo que “quería saber de qué se trataba” era el que rodeaba a la Plaza de Mayo y los integrantes de la Junta eran los vecinos más destacados de la hoy Ciudad Autónoma.

Una definición que me pareció atinada fue que, como todo proceso, no se realiza de un día para otro. Pero que indudablemente el 9 de julio no habría existido sin el 25 de mayo. Fue el comienzo de un largo parto que culminó en Tucumán, ya con la presencia de la mayoría de las provincias.

También es cierto que las extensión de nuestro territorio (en esos tiempos mucho más grande porque incluía a las hoy Bolivia, Uruguay, Paraguay y parte de otros países), no permitía que se consultara a todos los habitantes de las provincias.

Incluso hay que recordar que entre una fecha y la otra existieron las luchas por la Independencia, donde héroes como San Martín, Belgrano, Güemes y otros patriotas defendieron con las armas -y muchos con su vida- lo que se consolidaría el 9 de julio de 1816 en San Miguel de Tucumán.

Pero la verdad es que cuando uno quiere remitirse a un primer gobierno patrio, sin la presencia de un virrey, y a un primer grito de libertad, debe hacerlo forzosamente a 1810. Aunque el presidente de la Primera Junta haya nacido en Potosí (hoy Bolivia), algunos fueran monárquicos y otros, afrancesados.

El empate es responsabilidad de la tribuna

Muchos se quejan porque el Congreso está prácticamente paralizado. El Senado no tiene quórum y Diputados no puede tratar temas candentes, porque no tienen dictamen de Comisión o porque algún juez oportuno, casualmente en medio de la sesión, resuelve una medida que lo frena de golpe.

Los ciudadanos acusan al Gobierno por interferir en las cámaras y no permitir que deliberen, porque no tiene mayoría automática, como poseía antes del 10 de diciembre. Otros acusan a la oposición, por no tener estrategias, por ser ingenuos, por venderse al oficialismo, por no ser homogénea. En fin, la culpa la tiene el pobre cerdito que come porquerías.

Pero el 29 de junio, todo el mundo estaba muy contento, porque el pueblo sabiamente no le había dado todo el poder a nadie y había repartido de tal manera los votos que los políticos iban a estar obligados a dialogar todo el tiempo y ponerse de acuerdo.

“Dialogar y ponerse de acuerdo”. ¿Qué lo que e’ eso?, preguntó un político que habla en cordobés básico. No hay nada más difícil para nuestros representantes que dialogar y consensuar. Claro, salvo que se trate de algún interés particular que beneficie a todos ellos.

Pero repartió tanto el voto la ciudadanía, que ahora el Congreso es un verdadero rompecabezas, donde las piezas no logran encajar, aunque el que las maneje sea Albert Einstein. El oficialismo es un grupo compacto y militante (por convicción o por razones non confesables), pero minoría y la oposición está compuesta por no menos de una docena de bloques. Demasiado para evitar que alguna ovejita no salte el cerco del corral.

Pero ellos no se eligen solos. Es cierto que algunos son elegidos por un partido y luego forman un mini bloque con otro nombre. Pero también es cierto que, en la búsqueda de la “nueva política” o el “que se vayan todos” absurdo, los votantes introducen boletas de partidos inventados que duran menos que un can en misa.
En los países que funcionan correctamente y donde sus instituciones tienen, para mal o para bien, un ejercicio armónico, los partidos políticos son dos o, a lo sumo, tres.

En EEUU, están los demócratas y los republicanos; en Inglaterra, conservadores y laboristas; en España, PP y PSOE; en Francia, Alemania, Italia, etc. Hasta nuestros vecinos tienen ese sistema de partidos: en Uruguay colorados y blancos, desde hace más de un siglo y ahora se sumó el Frente Amplio. En Chile, la Concertación y la derecha, Brasil, Colombia, Perú, etc. Existen pequeños partidos, pero no tienen gran incidencia parlamentaria.

A lo sumo son pequeños partidos tradicionales o regionales que tienen tanta coherencia, que los partidos nacionales se ven obligados a pactar con ellos. Pero todo el mundo sabe quiénes son, qué representan y qué pactan.

Si nosotros votamos cualquier cosa, sin convicciones o directamente no votamos o lo hacemos en blanco, creyendo que estamos manifestando una disconformidad que alguien va a escuchar, no nos quejemos de los jugadores que ponemos en la cancha. Los técnicos eligen los posibles once, nosotros les damos el aval.