miércoles, 29 de septiembre de 2010

¿Quién dijo que todo está perdido?

Yo vengo a ofrecer mi corazón. Dice el cantautor rosarino Fito Páez en una de sus canciones. Algo de eso sería en términos simples la Resiliencia.Cuando las condiciones sociales, económicas, familiares y políticas de un país más se ensañan con los más vulnerables, se puede renacer de las cenizas. Resiliencia deriva del latín “resilio”, que significa volver atrás, volver de un salto, resaltar, rebotar. La Enciclopedia Hispánica describe la capacidad de un material de recobrar su forma original, después de someterse a una presión deformadora. En inglés, resílience es la tendencia a volver a un estado original o el tener poder de recuperación [to rebound / recoil / to spring back]. En Norteamérica se define como la propiedad que tiene una pieza mecánica para doblarse bajo una carga y volver a su posición original cuando ésta ya no actúa (Enciclopedia Salvat de la Ciencia y de la Tecnología, 1964). El término fue adaptado a las ciencias sociales para caracterizar aquellos sujetos que a pesar de nacer y vivir en situaciones de alto riesgo se desarrollan psicológicamente sanos y exitosos (Rutter, 1993). No solo significa la capacidad de recuperarse de una situación adversa, sea esta desde el nacimiento o algún hecho traumático ocurrido durante la vida, soportar con fortaleza esta adversidad, sino luego recomponer la vida y alcanzar metas positivas.Traemos este tema por dos razones: primero porque la palabra resiliencia se utiliza frecuentemente en la actualidad y el que la utiliza da por sentado que todos saben de qué están hablando y segundo porque también tiene vigencia en nuestra sociedad actual.Sin pretender llevar una cortina de humo con un halo de optimismo tonto, y pretender que no luchemos y protestemos por aquello que nos afecta y hace nuestra vida más difícil, queremos ofrecer una rendija esperanzadora a tanto mensaje negativo.Es cierto que las condiciones de nuestra vida y la de gran parte de nuestra sociedad está transcurriendo en condiciones que no son las más favorables para una vida sana psíquica y físicamente (si está dicotomía es posible).Sobre todo para aquellos que viven en condiciones de extrema pobreza y para los que día a día ven como se reducen sus niveles de confort, como los jubilados por ejemplo.También, aquellos que no carecen de bienes materiales, tienen cotidianamente un motivo de padecimiento que proviene de distintos orígenes: inseguridad, mensajes agresivos permanentes, confrontaciones estériles que solo persiguen beneficios personales para quienes las protagonizan, pérdida de calidad de vida, retroceso en salud y educación, aumento permanente de tasas e impuestos, sin que esto sea compensado por mejores servicios, corrupción, etcétera.Si todo esto no tiene como contrapartida una ventana esperanzadora para ver la luz del sol, nos destruye y paraliza.Esa esperanza es la resiliencia, que es parte del proceso evolutivo y debe ser promovido desde la niñez. Nuestro país es un ejemplo de cómo nos hemos recompuesto y recuperado de las adversidades más atroces.

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