lunes, 2 de agosto de 2010

Alcohólico no es borracho


Muchos confunden un bebedor consuetudinario y en exceso con un alcohólico. Y son dos cosas totalmente diferentes. “No es alcohólico quien quiere, sino quien puede”, solía decirme el recordado doctor Miguel Belascuain, fundador del IPAD (Instituto Provincial de Alcoholismo y Drogadicción). “Lo que caracteriza al alcohólico es la tolerancia”, afirmaba Abel Butti, uno de sus discípulos. Esto no todos lo saben. Es decir, si alguien anda a los tumbos, se descompone, pierde el control de sus actos, el sentido y apenas bebe un par de copas comienza a hablar tonterías, tiene pocas posibilidades de convertirse en alcohólico. Sí, es probable que el abuso del alcohol le provoque otro daños, como accidentes de tránsito, dramas por riñas, problemas renales u otros. Pero el alcohólico que tiene una predisposición natural para serlo se caracteriza por la tolerancia. Es decir, son aquellos, que se vanaglorian de beber todo lo que quieren y mantenerse derechitos y lúcidos. Estos tienen que encender inmediatamente una luz de alarma.

El alcoholismo se caracteriza porque la persona puede beber mucho, más que cualquier otro y no acusar el impacto de la ingesta. Esto hace que no cese de beber, y que cada vez necesite más dosis de esta droga que es el alcohol. Lo peligroso es que, una vez que comienza, no sabe dónde termina y cada vez necesita más cantidad de la sustancia. Es decir, se ha generado la adicción, la dependencia. Una vez producido esto, el alcohólico no toma conciencia de lo que está pasando y como quienes lo rodean comienzan a hacérselo notar, se oculta para beber. Las consecuencias en el organismo se producen del mismo modo o peor (por las cantidades) y finalmente, comienza a gastar todo lo que tiene y lo que no tiene para satisfacer su necesidad.

Otra de las graves consecuencias del alcoholismo es que al tener tolerancia y no tomar conciencia de su dependencia, el enfermo no busca ayuda. No concurre a la consulta para resolver su problema. Sabido es que el alcoholismo no se cura nunca y como cualquier adicción se recupera, pero no puede volver a probar ni una gota de bebida. Pero no es muy conocido que los gramos de alcohol en sangre varían según la bebida que se tome. Por eso la cerveza tiene como medida un balón y el Whisky una copita. También varía según el peso y la edad de la persona. Y a veces los jóvenes beben mucho más de lo que sus años y contextura física les permite, comparándose con los adultos que son más pesados y grandes. Todos estos son datos que los especialistas manejan, pero que la población en general no tiene en cuenta y así son las graves consecuencias que producen tanto el alcoholismo como el beber en exceso y luego manejar un vehículo o portar un arma. Una de las principales causas de muerte por accidentes de tránsito o como consecuencia de delitos o riñas es la ingesta desmedida de alcohol. Y una de las principales causas de la destrucción de familias y personas es el alcoholismo. Ambas cosas deben ser prevenidas con una correcta promoción de la salud y una atención primaria adecuada.

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