jueves, 24 de junio de 2010

¡Ah! ¡Qué lindo es recordar!

Muchas personas que superan los 60 años, comienzan a tener problemas con la memoria. Según Phillips Lerch, la memoria es la capacidad para conservar contenidos de vivencias, más allá del momento en que fueron vivenciadas, con la posibilidad de actualizarlos posteriormente. Pero hay distintos tipos de memoria. Está la Memoria Inmediata, que es una forma muy fiel, pero muy fugaz. Por ejemplo, cuando consultamos en la guía un número de teléfono y al ratito nomás, después de discar y comunicarnos, nos olvidamos del mismo. Aunque no desaparece totalmente, porque siempre deja un vestigio mínimo. Esta puede ser frágil a cualquier edad.
Otra forma de memoria es la Memoria Experiencial. Es la que permanece oculta en el inconsciente, pero desde allí está influyendo permanentemente en nuestra conducta diaria. Nosotros aprendimos a caminar hace muchos años. Pero, sin embargo, cuando caminamos, no tenemos que estar recordando, paso a paso, cada lección para hacerlo. Lo mismo pasa con cualquier otro aprendizaje. Digitar el teclado de la computadora, manejar un auto, andar en bicicleta, etcétera. Esta memoria es más difícil de perder y la mantenemos durante casi toda la vida. Cuando una publicidad ha sido lo suficientemente buena y reiterativa como para ingresar a nuestra Memoria Experiencial, vamos a un negocio y decimos deme… una marca. Cuando en realidad lo que buscábamos era un producto que puede ser de cualquier marca.
También existe una Memoria Reproductiva, que es cuando recordamos imágenes. Esta puede ser más o menos eficiente. A quién no le pasa que ve a una persona en la calle, la saluda y después no recuerda quién era. Esta es más fácil que vaya desapareciendo con el transcurso de los años.
La memoria tiene dos etapas: una de fijación, que es la primera y depende de las cualidades de cada uno. Por ejemplo un pintor va a fijar mejor imágenes. Un músico, sonidos. Un historiador, fechas y acontecimientos. Un matemático, números. También depende lo que se vaya a recordar. Por ejemplo, los versos se recuerdan mejor que las prosas. El verso actúa como ayuda para la memoria. Otra fase de la memoria es la de evocación. Es el momento en que hacemos aparecer las cosas que teníamos guardadas. Esto puede ser espontáneo o provocado. Hay cosas que facilitan la evocación. Cuando más cerca está lo que queremos recordar. Cuando nos ubicamos en el lugar donde se produjo el hecho. Si el hecho a recordar es grato. Es más fácil recordar la infancia, para un anciano, que para un adolescente. Porque el adolescente está más pendiente del futuro, que del pasado. De allí que algunos ancianos tengan actitudes infantiles. Es porque desean volver a etapas agradables de su vida. Y es por eso que a los jóvenes les cuesta tanto recordar momentos de la niñez.
Es imprescindible ejercitar la memoria, como si fuera un músculo, de lo contrario se va atrofiando. Incluso existen talleres de Memoria, para adultos mayores que cumplen acabadamente esta función. Es importante no dejar de leer o estudiar.

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