lunes, 7 de junio de 2010

Aguanten periodistas

“Tiempos de rara felicidad son aquellos en los que se puede sentir lo que se desea y decirlo”. Con esta frase de Tácito en latín Mariano Moreno encabezaba la portada de la Gaceta de Buenos Aires, hace exactamente 200 años.

Pasaron muchas cosas en estas dos centurias para esta noble y sacrificada profesión. Más sacrificada de lo que muchos piensan. Baste recordar a Rodolfo Walsh, José Luis Cabezas, Julio Anguita Parrado (periodista español asesinado en Irak), más de cinco asesinados en México en lo que va del año. Leonardo Henrichsen el camarógrafo argentino que filmó su propia muerte durante el golpe de Pinochet en Chile. Luis Mónaco, camarógrafo de Canal 10 desaparecido en 1978 y tantos otros.


La profesión de periodista es considerada una de las más riesgosas e insalubres por la OMS, y eso no es casual. No solo muertes por crímenes de guerra o políticos son sus consecuencias. El stress por conseguir la noticia, trabajar en horas insalubres, sufrir presiones de todo tipo, la falta de reconocimiento de patrones, políticos y hasta del mismo público, hace que los periodistas padezcan las más extrañas enfermedades psicosomáticas o producto de las condiciones inevitables de trabajo.


No son pocos los medios de comunicación que han despedido periodistas, por no coincidir con sus opiniones y contrariamente no son pocas las amenazas que sufren por parte de gobiernos y hasta de fanáticos de a pié. Tampoco son pocos los medios que han quebrado (genuinamente o no) y han dejado de pagarles por meses a sus trabajadores de prensa. Pero como afirma el personaje de Francella en la película El Secreto De Sus Ojos”: "Todos tenemos una pasión". Y no es otra cosa el periodismo. Como decía un viejo colega en tiempos de las rotativas: “El periodista lleva tinta en lugar de sangre en las venas”. Y eso no solo satisface una vocación (como tantas otras), no solo es una fuente de trabajo que mantiene familias, es un derecho que tiene la ciudadanía de escuchar otras campanas, diferentes campanas a las que tañen los gobiernos de turno. Estos manejan millonarios presupuestos para difundir por los medios más variados sus propagandas. Desde publicidades abiertas, subliminales, hasta pseudo-informaciones. Es cierto que también existen poderosas empresas de comunicación que publican lo que sirve a sus intereses. Pero existe el periodismo independiente. ¡Claro que sí! Si no estuviéramos seguros de eso, hace rato que hubiéramos abandonado esta pasión. Hasta el genial Alberto Cognigni se dio el gusto de usar como frase en Hortensia, durante 19 años, “AQUÍ ESTOY PARA DECIR LO QUE SE ME ANTOJA, O NO?”. Mientras criticaba con humor (antes que “HUMOR”) a las dictaduras más sangrientas. Claro seguramente ellos ni se daban cuenta.


Por eso en este día en que se cumplen 200 años de periodismo patrio, cuando la profesión está más vapuleada, desprestigiada y también amenazada, les decimos a todos los colegas independientes (con independencia intelectual) del país. AGUANTEN PERIODISTAS.

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