domingo, 9 de mayo de 2010

¿Y dónde están las salas?

Casi como respuesta a nuestro blog titulado “Día Mundial Del Teatro”, donde recordábamos con nostalgia la intensa actividad teatral que había en Córdoba en otros tiempos, un funcionario del área dependiente de la Provincia, afirmó que en Córdoba hay 60 salas de teatro y con mucha labor.
Sería bueno entonces que dieran a conocer donde están, qué obras se representan, quiénes son sus protagonistas... Porque si uno toma cualquier diario de Córdoba, encuentra a lo sumo dos o tres representaciones teatrales.
Salvo que se cuenten las salas oficiales, que están vacías y esperando que haya actores y público que las pueblen: la Rafael Grisolía, Luis de Tejeda y el Foyer, en el San Martín, la Azucena Carmona, en el teatro Real, y también en los Centros de Participación Comunal (CPC) hay hermosos recintos que están prácticamente inactivos.
Recordamos con tristeza cuando Lisandro Selva llenaba de actores y espectadores el Centro Cultural Alta Córdoba; Miguel Iriarte, el General Paz y Roby Rojo, el ex Mercado de San Vicente.
A eso podemos añadir la Sala Mayor del Libertador, que está cerrada por remodelaciones; la Carlos Gimenez del Real, que recién está despertando de su modorra estival; la Ciudad de las Artes (que fue inaugurada con pompa y ahora tiene una actividad espasmódica) y dos o tres espacios independientes, que en algunos casos es pretencioso llamarle “Salas de Teatro”.
Porque el esfuerzo que hacen los grupos vocacionales por alquilar lugares inhóspitos, que no tienen comodidad ni para el público ni para los actores, que hasta se llueven los escenarios, sin apoyo oficial, no es suficiente. No pueden, aún con la amplitud de llamarle underground, considerarlos teatros. En otro blog extrañábamos los teatros: Comedia (que la Municipalidad prometió reconstruir y de cuyo sospechoso incendio y morosidad en apagar el fuego fuimos testigos presenciales), Maipú, Sara Vega, Córdoba, De la Ciudad, Exal, etc.
Incluso, recuerdo cuando Domingo Lo Giúdice montó “El Pelícano”, de Strindberg, en el Museo Genaro Pérez; Carlos Giménez en el patio del mismo; Juan Aznar Campos hizo lo propio con “Harold y Maude” en el patio del Monserrat (que luego continuó todo un verano en el de la Ex Escuela Olmos); “Stéfano”, en el Teatro del Colegio Deán Funes; José Luis Michelotti, en el ACV (porque en el Exal había otro elenco); los alumnos de la Escuela de Artes de la UNC actuaban en dos Salas de la Ciudad Universitaria (una la imponente Sala de las Américas), en noches de calor en el Teatrino. Y podemos pensar también en la actividad del Instituto Gohete, la Cultura Británica o la Alianza Francesa.
Sin contar que Elodía, Bestiario, el Pupo u otros cafés concert servían de recinto para que se presentaran los más creativos actores porteños o se lucieran Raúl Ceballos, Fernando Lozano, Quique Dubois, etc.
Por más que se esmeren en desmentirlo los perezosos funcionarios de Cultura actuales, en materia de Teatro, ¡todo tiempo pasado fue mejor!

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