miércoles, 24 de marzo de 2010

El empate es responsabilidad de la tribuna

Muchos se quejan porque el Congreso está prácticamente paralizado. El Senado no tiene quórum y Diputados no puede tratar temas candentes, porque no tienen dictamen de Comisión o porque algún juez oportuno, casualmente en medio de la sesión, resuelve una medida que lo frena de golpe.

Los ciudadanos acusan al Gobierno por interferir en las cámaras y no permitir que deliberen, porque no tiene mayoría automática, como poseía antes del 10 de diciembre. Otros acusan a la oposición, por no tener estrategias, por ser ingenuos, por venderse al oficialismo, por no ser homogénea. En fin, la culpa la tiene el pobre cerdito que come porquerías.

Pero el 29 de junio, todo el mundo estaba muy contento, porque el pueblo sabiamente no le había dado todo el poder a nadie y había repartido de tal manera los votos que los políticos iban a estar obligados a dialogar todo el tiempo y ponerse de acuerdo.

“Dialogar y ponerse de acuerdo”. ¿Qué lo que e’ eso?, preguntó un político que habla en cordobés básico. No hay nada más difícil para nuestros representantes que dialogar y consensuar. Claro, salvo que se trate de algún interés particular que beneficie a todos ellos.

Pero repartió tanto el voto la ciudadanía, que ahora el Congreso es un verdadero rompecabezas, donde las piezas no logran encajar, aunque el que las maneje sea Albert Einstein. El oficialismo es un grupo compacto y militante (por convicción o por razones non confesables), pero minoría y la oposición está compuesta por no menos de una docena de bloques. Demasiado para evitar que alguna ovejita no salte el cerco del corral.

Pero ellos no se eligen solos. Es cierto que algunos son elegidos por un partido y luego forman un mini bloque con otro nombre. Pero también es cierto que, en la búsqueda de la “nueva política” o el “que se vayan todos” absurdo, los votantes introducen boletas de partidos inventados que duran menos que un can en misa.
En los países que funcionan correctamente y donde sus instituciones tienen, para mal o para bien, un ejercicio armónico, los partidos políticos son dos o, a lo sumo, tres.

En EEUU, están los demócratas y los republicanos; en Inglaterra, conservadores y laboristas; en España, PP y PSOE; en Francia, Alemania, Italia, etc. Hasta nuestros vecinos tienen ese sistema de partidos: en Uruguay colorados y blancos, desde hace más de un siglo y ahora se sumó el Frente Amplio. En Chile, la Concertación y la derecha, Brasil, Colombia, Perú, etc. Existen pequeños partidos, pero no tienen gran incidencia parlamentaria.

A lo sumo son pequeños partidos tradicionales o regionales que tienen tanta coherencia, que los partidos nacionales se ven obligados a pactar con ellos. Pero todo el mundo sabe quiénes son, qué representan y qué pactan.

Si nosotros votamos cualquier cosa, sin convicciones o directamente no votamos o lo hacemos en blanco, creyendo que estamos manifestando una disconformidad que alguien va a escuchar, no nos quejemos de los jugadores que ponemos en la cancha. Los técnicos eligen los posibles once, nosotros les damos el aval.

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