miércoles, 9 de diciembre de 2009

Niños violentos y algo más

Alguna vez abordamos este tema, pero pensamos que es imprescindible profundizarlo.
Los graves acontecimientos producidos por menores y las reacciones de los adultos ameritan un tratamiento evolutivo del tema.
Pocos adultos saben que el niño atraviesa etapas y conflictos psicológicos en su desarrollo. Etapas y conflictos, que de no ser tratados correctamente en su tiempo, producen en la personalidad del futuro adulto estructuras definitivas de personalidad.

Entre los 2 y los 6 años el niño quiere ser el centro de atención de todas las miradas y el ganador de todos los juegos. También quiere ser el propietario de todos los juguetes y de los padres. No solo trata de diferenciarse o de consolidar él sí mismo frente al otro, sino que podemos decir que procura que su sí mismo esté por encima de los otros. Pero esto no hace más que confirmar lo que expresaban autores de la Psicología Evolutiva como Henry Wallon o Remplein, que denominaban a esta etapa como de Oposición, Obstinación o Egocentrismo. Donde según los mismos se destacaba el afianzamiento de su propio ego en contraposición permanente con los demás. Esta oposición se manifiesta en la lucha por la posesión de objetos, personas o el triunfo en las diferentes disputas que se plantean.

Van descubriendo a partir de los dos años su propio Yo, el límite de su cuerpo o su propio poder de decisión y empiezan a consolidarlo hasta el ingreso escolar y la socialización en que comienza el período de latencia, que por supuesto varía según el niño, el entorno y la época en que le toque vivir. Volviendo a la faz de oposición, egocentrismo u obstinación, también coincide con la etapa que Freud define como Fálica, donde el descubrimiento de la genitalidad y toda la curiosidad y placer que gira en torno a ella, influye en su conducta y hace que para los padres estos niños sean "insoportables". Y a su vez constituye uno de los principales motivos de consulta psicológica y de conflictos familiares.

Habitualmente la reacción suele de ser de intolerancia y de castigo por parte de los mayores, que al no conocer que la etapa es común en todos los niños de esta edad, con variantes por supuesto, creen que es una patología que tiene solo su niño. Y consultan por su hiperquinesia, rebeldía, violencia y juegos genitales.

Lo que los adultos que consultan desconocen es que mientras los niños juegan: "son". Tenemos que ver el "jugar como acontecimiento", como hecho en sí mismo, sin tratar de interpretar lo que hace y porque lo hace. Sin buscar obsesivamente "el significado del juego", salvo que éste altere gravemente la salud del niño y de la familia. El juego es el medio que tiene el niño para elaborar otra cosa. Con él, descarga tensión. Por eso lo realiza de manera repetitiva y constante. El juego es el trabajo del niño.

Si no reciben en esta edad el tratamiento adecuado, nos encontraremos después con púberes y adolescentes violentos o sexópatas y querremos encerrarlos. Los adultos culpamos a los menores de nuestras propias falencias preventivas.

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