sábado, 31 de octubre de 2009

Periodismo es decir lo que molesta

Periodismo es decir lo que molesta, lo demás es propaganda, decía Horacio Verbitzky. Hasta que asumió Néstor Kirchner. Claro, en este caso el autor de “Robo para la Corona”, se transformó en oficialista y cambió. A partir de allí sus artículos ya no molestan al Gobierno sino que más se parecen a una propaganda oficialista. Pero el ejemplo de este periodista es solo eso, un ejemplo, que es seguido por numerosos colegas que no solo arman verdaderos batallones de defensa del gobierno nacional, cualquiera sea su política, sino que también se constituyen en escuadrones de choque contra políticos opositores, la Iglesia, empresarios y, lo que es peor, colegas que critican al oficialismo.Uno tiene derecho a tener la posición política e ideológica que desee, incluso ejerciendo el periodismo. De hecho, en muchos países desarrollados, existen medios que son declaradamente voceros de los distintos partidos políticos existentes. Y son grandes medios, de mucho prestigio. Lo que nos parece inadecuado y que desvirtúa la función de la prensa es hacer campaña y operaciones políticas de baja monta promoviendo al Ejecutivo nacional y sus circunstanciales aliados (hasta hace poco, archienemigos) y embestir duramente, impiadosamente (hasta llegar a difundir videos anónimos y vergonzosos) para desprestigiar a colegas, simplemente por pensar distinto. Incluso por ser supuestamente voceros de las empresas privadas donde se desempeñan, empresas donde ellos trabajaron hasta no hace mucho tiempo o lo hacen todavía. Todo esto, y aunque no es poco, hasta sería opinable si se efectuara desde medios independientes, que basaran su sustento en la publicidad y el consumo de su público. Pero cuando estas operaciones mediáticas se realizan desde los medios oficiales, que debieran ser del Estado, es decir de todos los contribuyentes, y poli cromáticos; o desde emisoras o diarios privados que subsisten gracias a la generosa publicidad oficial que no se compadece con la escasa recepción de los oyentes, televidentes o lectores, es inaceptable. Parcializar la función del periodismo en contra de un gobierno es muy criticable, sobre todo si responde a intereses inconfesables de sectores privados de peso económico en la sociedad. Pero mucho peor es convertirse en defensor acérrimo del poder de turno, con argumentos bastardos, desacreditando a quienes solo piensan diferente y haciéndolo desde medios de comunicación que pagamos todos los argentinos. La subsistencia de este ejército de choque mediático no se basa en el éxito editorial sino en el sostenimiento del Tesoro Nacional que nos pertenece a todos y que debiera utilizar sus fondos en objetivos más nobles y urgentes. Sobre todo porque el oficialismo político ya tiene demasiado con lo que le otorga el ejercicio del poder y todo lo que ello implica (leyes, fuerza, economía, etc.) como para absorber incluso la crítica.

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