sábado, 4 de julio de 2009

Tinelli, el gran elector

Y Néstor finalmente fue. Si bien no se animó a hacerlo personalmente para no correr los riesgos de De la Rúa, ni pasó la grabación en la Residencia de Olivos, porque “lo quiere en vivo y en lugar neutral”.Lo cierto es que Kirchner no pudo sustraerse de estar presente en el cierre de campaña en el programa de Marcelo. ¿Por qué? ¿Qué diferencia hay entre estar personalmente, grabado o por teléfono? Si se rechaza la frivolidad, la farandulización de la política, el “modelo” de los noventa, lo correcto hubiera sido marcar la diferencia y que el humor vaya por su lado y la política por el suyo.Pero la inseguridad de los resultados lo atrapó al ex presidente. Estuvo. Igual que Menem en el 95 y De la Rúa en el 2001. El primero lo hacía como pez en el agua. Actuaba con Tato Bores en la residencia presidencial, comía los tallarines, hablaba en árabe, bailaba con odaliscas, cantaba el tango, bailaba con Hillary, jugaba al tenis, al fútbol y al básquet y finalmente cerraba su campaña dialogando en Video Match con el exitoso conductor. De la Rúa no tuvo la misma suerte. Su torpeza, su presencia forzada y la mala fe, le tendieron una celada de la que tuvo que salir en helicóptero. Néstor está en el medio, jugó con el doble de De la Rúa en el mismísimo lecho presidencial de Olivos, en el despacho oficial, pero el burlado era el radical. Otra cosa hubiera sido compartir con su imitador el cierre de campaña en el piso del programa emitido por su supuesto archienemigo mediática. Aunque no se privó de bromear con el tema, estuvo en un programa del grupo, dijo lo que quiso, fue mimado y hasta mostraron las encuestas que lo dan ganador. Incluso dialogó con su militante Larry, que mostró impúdicamente el voto de su lista, y le reclamó que no esté trabajando en su distrito por la campaña. ¿Cuál es la diferencia? Ya no la hay. Entre Palito Ortega y Nacha Guevara, entre la Tigresa Acuña y Carlos Reutemann, entre Larry De Clay y el soldado Chamamé, no hay ninguna. Y por si algo faltaba Néstor estuvo en Showmatch, por teléfono, pero estuvo. La diferencia es que Menem y De la Rúa se animaron a ir al estudio, a uno le fue bien y al otro muy mal, pero fueron. No vamos a caer en la exageración de Elisa Carrió de decir “¿Se lo imaginan a Sarmiento o Pellegrini yendo a Gran Cuñado?” Por supuesto que los tiempos son distintos, y en momentos de diarios, Sarmiento no se privaba de publicar cualquier cosa o dar un discurso en inglés en el Senado o decirles a sus contrincantes que olían a “bosta” o pintar la casa de gobierno de rosado. Alfonsín tampoco dejó de ir al programa de Sofovich, donde lo imitaba Sapag, pero cuando era candidato, en las últimas elecciones presidenciales, no estuvo ajeno de la mediatización del cierre de campaña. Pero hay una gran diferencia. Preparó un programa especial con Tomás Eloy Martínez. Y claro hay un abismo entre el flamante integrante de la Academia Nacional de Periodismo y escritor premiado internacionalmente y Marcelo Hugo. No le sirvió para ganar.

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