viernes, 8 de mayo de 2009

Votos no positivos

Los ciudadanos también somos responsables de la crisis provocada en las últimas elecciones para gobernador en la provincia de Córdoba. Según los datos oficiales, tanto el primero como el segundo candidato obtuvieron cerca del 37 por ciento de los votos (alrededor de 570 mil). Pero esto se calculó sólo sobre los votos positivos, porque, en aquellas elecciones, contando los votos en blanco, nulos, recurridos e impugnados se superararon los 1.600.000 votos. De modo que si se calculara sobre éstos, el porcentaje de cada candidato disminuiría. Con esta metodología, Arturo Illia hubiera obtenido cerca del 50 por ciento de los votos y habría desaparecido el principal argumento para destituirlo.Pero si el resultado se hubiera obtenido sobre el padrón electoral, que era de 2.366.634 personas en condiciones de votar, el porcentaje de ambos aspirantes no habría superado el 24,2 por ciento. Es decir que lo que supuestamente es un castigo para los políticos (abstención, voto en blanco, nulos, recurridos e impugnados intencionales) redunda en un castigo para los sufridos ciudadanos que debemos soportar gobernantes que no tienen ni la cuarta parte de los votos de sus conciudadanos. Si la mayoría de los que no votaron positivamente lo hubieran hecho por alguno de los candidatos con posibilidades, el resultado habría sido claro, y hubiera desaparecido la duda y el tremendo conflicto que sufrimos los cordobeses. Y si lo hubiese hecho por los que menos posibilidades tenían, el porcentaje de los primeros habría disminuido notablemente, desnudando su verdadero caudal electoral. De modo que tenemos la principal herramienta para convalidar o no a un gobernante: el sufragio ¡APROVECHEMOSLA!Si en las próximas elecciones se repite esta abstinencia, quizá quienes nos representen en el Congreso de la Nación no sean los más capaces y las leyes que aprueben no sean las que más nos beneficien. Sobre todo teniendo en cuenta que con un pequeño porcentaje de sufragios se puede obtener una banca. Muchos ciudadanos piensan que no votando o haciéndolo en blanco manifiestan su desaprobación por la llamada clase política. Lo cierto es que ni siquiera son tenidos en cuenta. No cuentan ni para las estadísticas, y el resultado es que triunfa aquel candidato que mayor cantidad de votantes sea capaz de arrastrar hasta el cuarto oscuro, incluso quien mayor cantidad de fiscales pueda sumar. Eso explica porqué algunos partidos pequeños busquen ansiosamente aliarse con los tradicionales, no tanto para sumar votos, sino quienes peguen afiches y supervisen los comicios. Esto es, que tengan más “aparato”. A veces asusta el grado de desconocimiento e indiferencia que posee la mayoría de los ciudadanos en condiciones de votar. Con la excusa de que los políticos son todos iguales, se justifica la comodidad y la falta de compromiso. Luego sobrevienen los lamentos y los daños para el futuro no solo de ellos sino, y lo que es más grave, de sus descendientes.

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