martes, 26 de mayo de 2009

Todos son testimoniales

En realidad muchos de los candidatos que se presentan a las próximas elecciones son testimoniales. Si bien hay “niveles de testimonio”, una persona que se presenta para ser votado por la ciudadanía para asumir una senaduría que dura seis años y a los dos la abandona, porque se presenta de candidato para otro cargo, tiene solo una mínima diferencia con el que no asume directamente. Si a esto le sumamos que empieza la campaña varios meses antes, el ejercicio de su función no supera el año.En esa situación están por ejemplo Luis Juez, que ya anunció que dentro de dos años será gobernador de Córdoba, igual que los Eduardo Mondino y Acastello. Este último tiene el agravante de que en los últimos cuatro años ya se presentó para tres cargos, y en cada uno de ellos debió cumplir cuatro años. Es decir llegó a cumplir un año y pico en cada uno, hasta que entró en campaña para el otro. Ramón Mestre también afirmó que en un año y fracción comenzará su campaña para Intendente de Córdoba y si gana renunciará a la senaduría, cuando fue electo por cuatro años hace unos meses para concejal de la ciudad de Córdoba. Felipe Solá fue elegido diputado bonaerense por el Kirchnerismo y a los diez y ocho meses está en campaña para diputado por el antikirchnerismo y se considera presidenciable para el 2011. Gabriela Michetti fue electa vicejefe de gobierno porteño hace unos meses y renunció para ser candidata a diputada nacional sin descartar que dentro de poco más de un año sea candidata a Jefa de Gobierno porteño. Carlos Reuteman es aspirante a ser reelecto en la Cámara Alta del Congreso por la provincia de Santa Fe, pero no niega que en menos de dos años batallará por la presidencia del país. Francisco Fortuna e Hipólito Faustinelli, por el peronismo y radicalismo cordobés respectivamente fueron votados en setiembre del 2007 para legisladores provinciales y no pasaron dos años que ya están en campaña para Diputados Nacionales. Son sólo ejemplos de muchísimos más. Para colmo de males cuando la ciudadanía vota, lo hace solo por el primero de la lista (que son los ganchos), y la mayoría no sabe quien lo va a reemplazar cuando este cambie de “puestito”. En una de esas vota “gato” y a los dos años tiene “liebre” en su lugar. Así como la semana pasada planteábamos la necesidad de modificar la legislación para que se restringiera la posibilidad de cambiar de distrito para ser candidato, también es imprescindible que los candidatos electos sean obligados a cumplir con su mandato. Es cierto que puede haber excepciones. De hecho Obama no cumplió el suyo como senador, pero éstas debieran ser las muestras que confirmen la regla, no a la inversa. Claro, si los que tienen que cambiar las leyes son los que gozan de los beneficios de las actuales, estamos predicando en el desierto. Pero no perdemos las esperanzas que les agarre una “ataque de conciencia” y reflexionen sobre estos proyectos. Los sufridos argentinos se lo agradeceremos y de paso la política no tendrá más remedio que renovarse.

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