viernes, 8 de mayo de 2009

¿Policía Caminera o estática?

Hace algunos días tuvimos oportunidad de viajar por una de las rutas nacionales. Hace muchos años que venimos escribiendo sobre la necesidad de los controles en las autovías, rutas y calles de nuestro país, que nos transforman en record en accidentes de tránsito. También en nuestras ocasionales salidas escribimos que la Policía Caminera era en realidad recaudadora. Ahora pudimos comprobar que si bien existen más efectivos desplegados a lo largo de las vías de comunicación nacionales, éstos están parados y muy bien exhibidos en lugares donde es fácil detectarlos. Esto hace que quienes durante todo el recorrido van transgrediendo todas las normas posibles, al ver de lejos a los móviles y uniformados, disminuyan la velocidad y empiecen a comportarse como verdaderos ejemplos de conducción. A la entrada o salida de los pueblos o en rectas no tiene ningún sentido que se gasten recursos. Los controles tienen que ser rotativos, sorpresivos y en lugares donde no puedan ser detectados antes. Hemos comprobado con tristeza que lejos de generar una cultura del buen manejo, la policía caminera se ha transformado en un escollo a sortear. Presenciamos el cruce de la doble línea amarilla central peligrosamente para pasar a otro vehículo, que es una de las principales causas de accidentes. Esto no solo por parte de vehículos particulares sino también protagonizado por enormes camiones y colectivos de larga distancia, que como profesionales debieran dar el ejemplo y que son los que más víctimas producen. Las velocidades máximas no se respetan en ningún caso, salvo cuando desde lejos se divisan los patrulleros y gorras. Pese a la existencia de los radares, cuando desaparecen de la vista se aprieta el acelerador hasta límites inimaginables. Es cierto que se a adquirido la cultura de las luces encendidas y la colocación de los cinturones de seguridad. Es probable también que toda la documentación del vehículo esté en regla. Tampoco hemos visto vehículos estacionados innecesariamente en la banquina. Pero estos hechos, si bien importantes, no son la principal causa de accidentes. No hay nada que pueda competir con el riesgo de un adelantamiento indebido o el exceso de velocidad. Y eso solo se detecta lamentablemente, con patrulleros a la vuelta de una curva, detrás de una arboleda o un lugar invisible. Esto que vemos en las películas norteamericanas y que hace tiempo se pone en práctica en provincias como Mendoza o Entre Ríos, mas allá de lo antipático que resulta debe aplicarse en Córdoba. Los policías deben estar convencidos de su trascendente función social y preventiva. Si sólo lo hacen para cumplir un formalismo los cambios no se producirán. Exactamente lo mismo ocurre con la prevención del delito. Si están todas las noches apostados en el mismo sitio, ya los delincuentes saben por donde no pasar. Es probable que la sociedad los vea y que puedan llenar varias planillas, pero la disuasión no funcionará.

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