viernes, 8 de mayo de 2009

NI YANKEES NI MARXISTAS. LAS DOS COSAS

“Como Usted dijo en su campaña, hace falta educación, más salud y más oportunidades. Y, sin duda, más diálogo entre los pueblos y sus líderes."Se que contamos con Usted, y quiero que Usted sepa que puede contar con mi sincera amistad". Le escribió Cristina Fernández de Kirchner a Barak Obama, ni bien se enteró de su triunfo. Diálogo que no abunda en nuestro país, donde precisamente si algo no sobra es educación, salud y oportunidades. Le decía eso al nuevo presidente del país al que aconsejó un plan B por el efecto Jazz, mientras en la Argentina al ritmo del dos por cuatro se suspende y echan trabajadores por la recesión, se restringen las ventas, disminuyen las exportaciones y con ellas el superávit fiscal y la balanza comercial y aumenta el dólar a costa de nuestras reservas. Pero para Cristina la amistad de los Demócratas norteamericanos no es nueva: participó en la Convención del 2004 y en las primarias del 2008, del brazo de la ex dos veces primera dama “Americana” como les llama nuestra presidenta. El matrimonio presidencial reivindica el Socialismo Nacional de los setenta, pero simultáneamente tiene excelentes relaciones con empresarios poderosos que gozan de la explotación de servicios públicos, subsidios y facilidad de negocios. Plantea el tercermundismo antiimperialista junto a Chávez, pero participa de las internas demócratas norteamericanas, y Néstor Kirchner hacía una de sus primeras visitas a la Casa Blanca, palmeándole la rodilla a George Bush y tocando la campanita en Wall Street. Recita un discurso nacionalista y estatista, mientras deposita los fondos obtenidos de la privatización de YPF en la Reserva Federal de Los Estados Unidos (SIC) o en un Banco Suizo. Se autoproclaman como defensores de los derechos humanos y exiliados de la dictadura, mientras jamás lo hicieron cuando Kirchner era gobernador (tres períodos) en Santa Cruz y Cristina se recibía de abogada en la Universidad de La Plata (de donde supuestamente había huido) en el año 79. Repudia los años 90, pero apoyó abiertamente a Carlos Menem, al calificarlo como el mejor presidente después de “aquel General” (no sabemos si se refería a Perón o a Roca) manifestando el acompañamiento al “proceso de transformación” del riojano. No hay dudas que si alguna virtud tiene el gobierno nacional es la de ser ambidextro. Maneja tan bien la izquierda como la derecha. Eso le vendría muy bien a la selección de fútbol, pero no al país.

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