viernes, 8 de mayo de 2009

Muy bueno lo de Catamarca

Ya no hay confusión de radicales K o Frente para la Victoria enfrentado al Partido Justicialista. Ahora sabemos que en Catamarca por lo menos vuelven a competir básicamente radicales y peronistas, cualquiera sea el nombre de coalición electoral que usen. Los radicales volvieron al redil de Alem e Yrigoyen y los del Frente para la Victoria al de Perón y Evita. Ya no baja el gobierno nacional a repartir dádivas para el gobierno radical de Brizuela del Moral. Lo hace para sus propios candidatos. Y ya el gobierno provincial no hace obras para el altar del gobierno de Kirchner, lo hace para su propio cultivo. En los países que funcionan democráticamente hay dos (a lo sumo tres) partidos tradicionales y se van alternando en el poder. Demócratas y republicanos, colorados y blancos (ahora Frente Amplio), conservadores y laboristas, populares y socialistas, socialcristianos y socialdemócratas, etc. Aquí por años hubo demócratas y radicales y luego peronistas y radicales. Luego empezaron a aparecer experiencias de laboratorio frustradas como Udelpa, Mid, Pi, Ucedé, Modin, Acción por la República, Frepaso, Democracia Cristiana, Recrear, Ari, etc. Siempre resultaron terceras fuerzas o a lo sumo lograron acceder al poder en alianza con uno de los dos partidos mayoritarios. Y así fueron los resultados. Frondizi en el 62 y De la Rúa en el 2001. Los peronistas deben ser peronistas y los radicales, radicales. Así el electorado no se confunde. Eso no quita que haya más partidos pequeños, que logren colocar legisladores que enriquezcan las voces del parlamento. Tampoco invalida los frentes o alianzas -siempre que sean genuinas- programáticas y orgánicas. El histórico partido Socialista puede coincidir tranquilamente con un partido mayoritario y hasta imponer un candidato. Pero la base electoral debe ser el partido mayoritario. Por supuesto que falta que los candidatos se depuren mediante internas o primarias simultáneas y obligatorias, como ocurre en Estados Unidos y como ocurrió aquí cuando Alfonsín le ganó la candidatura a De la Rúa o Menem a Cafiero. Esto legitima aún mas al candidato aunque no garantice (nunca lo hace) la buena gestión. Falta también que quien pierda asuma la derrota con dignidad y respete ese resultado hasta el final del mandato. Lo que no significa impedir la crítica o la oposición en el parlamento a leyes que no comparte. Implica no boicotear la gestión de gobierno con malas artes, paros, movilizaciones, golpes económicos, cuartelazos o acción directa. Si en el resto del país se repite lo de Catamarca, cualquiera sea el resultado, la democracia argentina va a estar más saludable que nunca. Claro, falta eliminar el clientelismo político y la publicidad oficial. Pero todo junto es mucho pedir.

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