viernes, 8 de mayo de 2009

CORDOBA: ¿ES TEATRERA?

Muchos dicen que Córdoba es una ciudad muy “teatrera”. Dejando de lado todo atisbo demagógico, ¿Es realmente Córdoba una ciudad que consume teatro? ¿Por qué, entonces, hace ya varios años que no existe ningún teatro privado en ella? Cuando digo “teatro privado”, no estoy hablando de esfuerzos independientes de artistas cordobeses que improvisan una sala en una cochera, o en un living. Hablo de un empresario teatral que invierta y arriesgue algún dinero para construir, comprar o rescatar alguna sala como las varias que hubo en La Docta. El último fue el Teatro Real y tuvo que ser la Municipalidad con dinero del Gobierno Nacional que lo salvara de la demolición (no del incendio). Las únicas salas (que reúnen tales condiciones) son estatales. Recuerdo a los Teatros Comedia, Maipú (o ACIC), Córdoba, De la Ciudad, Sara Vega, Exal, Novedades, De Bolsillo, etc. La mayoría competía y funcionaba simultáneamente. Allí se produjeron largas temporadas de representación de “Así es la vida”, con Luis Sandrini y Ángel Magaña; “Diluvio que viene” con José Ángel Trilles, “Eran cinco hermanos y ella no era muy santa” o “El Guante”, de Miguel Iriarte. Cuando hablamos de teatro, claro, hablamos no solo de salas, hablamos de salas y repertorio. De obras teatrales que reúnan todos los requisitos dramáticos de tales. ¿Cuánto hace que una obra de teatro no se mantiene meses en cartel en Córdoba, con varias funciones semanales y con permanencia continua? Últimamente se consideró un éxito la presencia de Alfredo Alcón en el Teatro Real, porque llenó tres funciones durante dos días. Estamos hablando de Alfredo Alcón y de “La Muerte de un viajante”, de Arthur Miller. ¿Cuánto dura una obra en cartel en Buenos Aires? ¿Cuántas salas privadas hay? ¿Cuántas obras simultáneas se exhiben? Claro, me dirán que hay muchos millones de personas más. Pero cuantos millones de habitantes viven en la segunda ciudad del país sumados al Gran Córdoba y a la provincia toda, que si el espectáculo lo amerita, merece un viajecito de 200 kilómetros. Ni hablemos de Carlos Paz. Porque vienen muchas compañías. Y los teatros se llenan de público, las obras se mantienen en cartel tres meses, con funciones todos los días y a veces dos o tres por día. Con salas perfectamente acondicionadas, con empresarios que apostaron a esta actividad. Pero, ¿lo que el público demanda todo ese tiempo es teatro? ¿O son las figuritas que ven todo el año por TV? ¿Cuántos fueron a ver Filomena Marturano? ¿Por qué Mar del Plata sí puede atraer varias obras de gran calidad? ¿No será que Córdoba es menos “teatrera” de lo que se piensa?

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