lunes, 20 de abril de 2009

Los privilegiados que no fueron

Hace poco mas de cincuenta años, el gobierno de Perón construyó un Hogar de Ancianos y un Hogar Escuela para abuelos y niños desprotegidos (que ya los había). Dos inmensos edificios, que no cumplieron la función para la que fueron creados durante la mayor parte de su existencia. El debate que hoy se produce no tiene en cuenta estos aspectos. Las monumentales obras de cemento que servían para hacer demagogia y ganar elecciones eternamente. Un hogar de ancianos de semejantes dimensiones no se justifica en ningún caso, por esa razón duró como tal muy poco tiempo y se transformó en Casa de Gobierno. El Hogar Escuela fue un verdadero “reformatorio”, donde alguna vez pudimos presenciar el estado en que se encontraban los niños que vivían allí institucionalizados. Verdadera cárcel de menores. Estremecen los testimonios de personas como Francisco Sarmiento (Director técnico del Teatro San Martín) que padecieron esa experiencia. Sarmiento pudo superar esa infancia, porque es una persona inteligente, perseverante, trabajadora y hábil para desenvolverse en la vida. Llegó no solo a ese cargo, también es docente y uno de los mejores iluminadores de teatro, con críticas elogiosas en medios estadounidenses (cuando llevó su trabajo a aquel país con la Comedia Cordobesa) y nacionales. Pero, ¿alguien hizo el relevamiento de la vida de todos los niños que pasaron por el Pizzurno? Esta monstruosa edificación con fríos, largos y anchísimos pasillos para llegar de un lugar a otro, no era la mas apropiada para reemplazar el calor de hogar de pequeños que no tuvieron la suerte de nacer en una familia que los protegiera. Tampoco, teniendo en cuenta su historia fueron muchos los años que prestó la función para la que fuera creado. Obras de menos de sesenta años, que los propios partidarios de quienes las hicieron, hoy afirman que no tienen valor histórico, arquitectónico o cultural. Paradójicamente, solo un radical: Guillermo Irós, hoy funcionario del Gobierno provincial se la encuentra, como reflejo de la arquitectura justicialista. Los demás: un ministro de Gobierno que viene de Buenos Aires y una ex secretaria General de la Gobernación procedente de San Juan afirman categóricamente que no tienen ningún valor. Habría que ver qué pensamos los cordobeses. Pero mas allá, insisto, de esa discusión circunstancial, es una muestra de obras faraónicas que no trascienden a su tiempo. El Teatro San Martín, la Catedral, las escuelas Carbó y Garzón Agulla, el rectorado de la UNC, el Monserrat, la Cañada, los Capuchinos y otras tantas, son obras mucho mas antiguas y a nadie se le ocurriría tocarles un ladrillo. Es más: fueron declaradas “Patrimonio histórico de la humanidad “o “Maravillas de Córdoba”. Mientras, el “Hogar de ancianos” y el Pizzurno fueron declarados “demolibles”.

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